Equimondo no nació en una oficina. Nació en una cuadra de Normandía, de una exasperación familiar transmitida como una herencia : el papeleo roba el tiempo de los caballos.
Los detalles de esta cronología están siendo confirmados por la familia : las líneas generales son ciertas, las anécdotas se precisarán. Versión por confirmar
Todo empieza con el bisabuelo, para quien el caballo no es un ocio sino un compañero de trabajo, en Normandía. De aquella época la familia conserva una convicción : uno le debe su tiempo a los animales, no a los papeles.
La siguiente generación abre la cuadra a los propietarios. Los cuadernos se amontonan : pupilaje, cuidados, cuentas llevadas a mano por la noche en la mesa de la cocina. El problema que Equimondo resolverá un día ya está ahí, en la tinta de esos cuadernos.
Los padres de Sébastien llevan un centro ecuestre : clases, jinetes, licencias, facturas. Sébastien crece entre la pista y el despacho, y ve a sus padres pasar los domingos por la noche con la contabilidad en lugar de estar en las cuadras. No lo olvidará.
Ya desarrollador, Sébastien toma la única decisión lógica para el hijo de un gerente : construir la herramienta que su familia habría querido tener. Sin levantar capital, sin inversores a los que contentar, con una sola brújula : devolver tiempo a la gente de caballos. Por eso la gestión de los caballos es gratis de por vida : en esta familia no se cobra por el caballo.
« No hemos inventado un software.
Hemos reparado cuatro generaciones de domingos por la noche. »