Usted hierra los caballos. Nosotros herramos el papeleo.
Su oficina es una furgoneta. Sus horarios los ponen los caballos. Equimondo le sigue en ruta: la factura sale antes incluso de que haya guardado el yunque.
Tres clásicos del oficio que ya no tienen razón de ser.
Tras diez horas de carretera y de fragua, quedan las facturas por teclear de memoria. Algunas no se harán nunca. Cuando no es su mujer quien se pone por la noche, mientras soñaría con hacer otra cosa.
Encajar un caballo entre dos cuadras a cuarenta kilómetros, mover tres citas: su agenda vive en el bolsillo, y se desborda.
«Te hago una transferencia»… tres semanas después, usted reclama casi pidiendo perdón.
Pensado para una mano sucia y un móvil en la otra.
Ejemplo de uso: no es un cliente real.
Su ruta se llena sola: cada caballo herrado programa su próximo paso según su ciclo, y el aviso llega antes de que el propietario piense en ello. La factura se hace desde la furgoneta, al terminar la intervención, y el cliente puede pagar en el sitio. Se acabó el cuaderno que se copia el domingo por la tarde.
Facturación ilimitada, cobro, rutas, avisos de herrado y fichas de caballos. Sin permanencia: si no le conviene, se va.
Usted prepara la factura, y sale en cuanto vuelve la cobertura. Nunca se pierde nada.
Sí, y Equimondo gestiona ambos: factura electrónica para profesionales, factura clásica para particulares, con registro conforme en los dos casos.
Usted ajusta el ciclo de cada caballo (6, 7, 8 semanas). El cliente recibe un aviso, y su agenda se llena sin teléfono.
Equimondo está pensado primero para los autónomos: solo activa lo que le sirve, y la interfaz cabe en un bolsillo.